“¿Se puede apreciar el sonido también con la vista?”... Esa pregunta me hacía a mi mismo mientras apreciaba el ámbito moverse de un lado al otro en el reproductor de música en la computadora. “Sí, definitivamente”. La portátil empezaba a hacer un poco de peso en mis piernas pero no lo sentía, estaba perdido en la misteriosa línea verde. “Si es algo de hip-hop, se podrá apreciar que la mitad del ámbito se hará para arriba, mientras que la otra mitad para abajo, e irán alternando, mientras que si es algo de rock, el ámbito se distinguirá por sus vibraciones irregulares, bien arrejuntadas y altas”. La música era parte de mi vida y había adquirido la habilidad de percibirla por más de un solo sentido. Pero la música es un arma de doble filo, en un momento de descuido, ya se está yendo contra ti.
En ese mismo momento podía sentir como cada vibración hacía retumbe en mi mente y corazón. Y la lirica no ayuda para nada. “Una buena letra es el peor enemigo de un corazón roto”, aun así pensaba que quizá algún día después de escuchar tantas veces lo mismo el corazón se haga resistente, pero me engañaba a mi mismo: sucedía todo lo contrario, cada vez me afectaba más.
A pesar de todo no podía dejar mi vicio, el ámbito me envolvía y seguía el ritmo con todos mis sentidos.
“¿Qué estará haciendo ella en este preciso momento?...” Pensaba “No… debo dejar de pensar en eso…” pero si no lo hacía, ¿en qué más podía pensar? Esa mujer ya había invadido todos y cada uno de los rincones de mi mente, todo estaba dominado. Y eso que en mi mente, ni yo tenía dominio.
“¿Qué clase de tipo se enamora de su mejor amiga?” Pensaba “y lo que es peor ¿cómo puede uno caer en el mismo error dos veces?” Debería haber tenido la experiencia de lo que sucedió en el pasado, pero no, volví a tropezar con la misma piedra. Pero no, no era lo mismo ahora, no… ahora era mucho peor.
Que no la amaba le había dicho, simplemente era un gusto que apareció de repente. Pero, ¿cuanto tiempo iba a ser capaz de ocultar la verdad? No tardaría en hacerse obvio, pero que más me quedaba que esperar… esperar… ¡tiempo! A veces un aliado invaluable, a veces tu peor enemigo; en este caso un guerrero anónimo del cual no había forma de averiguar de que lado luchaba, solo se sabe que es un luchador imparable, y avanzaba a paso firme directo a la batalla.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario